¿Capacidad o cercanía al poder?
Por NORA ALICIA HERNÁNDEZ HERRERA

Cd. Victoria, Tam., a 29 de mayo de 2026
Sin duda alguna picar piedra desde hace años, décadas porque no, es una realidad en la vida de la actual presidenta del Supremo Tribunal de Justicia.
Escuchando algunas declaraciones de Tania Gisela Contreras López en un reciente encuentro con periodistas, advertía sobre lo mucho que se cuestiona a la mujer cuando llega a un cargo público, o de cualquier índole.
En efecto, en los últimos años, las mujeres han demostrado con hechos que tienen la preparación, experiencia y capacidad para ocupar cualquier espacio de poder en México.
Esa lucha femenina por abrirse paso en la política, la administración pública y el Poder Judicial no ha sido sencilla, y precisamente por eso resulta indispensable cuidar que cada nombramiento femenino llegue acompañado de legitimidad, independencia y credibilidad.
El caso de Tania Gisela Contreras López al frente del Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas abre inevitablemente un debate público que no debe esquivarse: ¿su llegada responde exclusivamente a méritos profesionales o también al peso de sus relaciones políticas y cercanía con el poder estatal?
Si retomamos el tema de su cargo, por sus recientes declaraciones, aunque nadie puede negar que cuenta con trayectoria dentro del servicio público, porque ha ocupado cargos relevantes y conoce el funcionamiento institucional del estado, tampoco olvidemos o ignoremos que su crecimiento político-administrativo ha ocurrido de la mano de estructuras cercanas al grupo gobernante.
En un análisis profundo, el problema no es que una mujer llegue al máximo órgano judicial del estado, el reto es, que ninguna mujer que alcance estos espacios quede bajo la sombra de la sospecha política, el compadrazgo o la subordinación al poder.
La exigencia social hacia quienes imparten justicia debe ser todavía más alta cuando se trata de instituciones que deberían actuar como contrapeso del gobierno y no como extensión del mismo.
En Tamaulipas, durante muchos años el Poder Judicial ha cargado con señalamientos de cercanía política con los gobiernos en turno, esa es una realidad.
Por eso, la ciudadanía observa con desconfianza cualquier nombramiento que parezca construido desde acuerdos políticos antes que desde concursos transparentes o perfiles plenamente autónomos.
Hoy, la presidencia de Tania Contreras enfrenta un enorme desafío: demostrar que no llega para obedecer intereses, sino para fortalecer la independencia judicial.
Porque una cosa es la relación institucional obligada entre poderes y otra muy distinta es la subordinación política, en su caso incluso, las relaciones peligrosas.
Las mujeres no necesitan padrinos políticos para justificar su presencia en espacios públicos. Necesitan instituciones que respeten sus capacidades y procesos transparentes que legitimen sus nombramientos, en este como en muchos casos de políticos y políticas, la historia es quien los juzga.




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